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[ El diseñador albaceteño José Luis Pérez Ortega recibió el Premio Castilla-La Mancha de Diseño en 2005 ]

 

“El diseñador debe solucionar los problemas con los objetos que diseña”

Tal vez la silla en la que se sienta para trabajar o descansar fue diseñada por este albaceteño de Hellín, que tiene el honor de que varias de sus creaciones, como el sillón Frailero, se encuentren dentro de la colección permanente del Museo de Artes Decorativas de Barcelona. Hoy, José Luis Pérez Ortega compagina su trabajo con el de profesor en la Escuela de Arte y Diseño Industrial de Madrid. Repasamos en esta entrevista su trayectoria profesional.

Foto: Carlos Moreno

Usted estudió diseño industrial en la Escuela Politécnica de Milán en unos tiempos en los que nadie sabía en España lo que era ¿Qué le lleva a un chico de Hellín a estudiar diseño industrial en Italia?
Yo salí de Hellín para estudiar Arquitectura en Madrid y simultanear mis estudios con el trabajo en un estudio de interiorismo, un mundo que empezó a gustarme en una época, los años 70, en la que ya se hablaba del arquitecto diseñador de mobiliario. Fui dejando de lado la arquitectura, pero aprendí mucho en la Escuela de Artes y Oficios y entré en contacto con representantes de empresas italianas; así surgió la idea de ir a estudiar a Italia. Fue un buen cambio, un viaje iniciático en el que puse mucha ilusión.

¿Qué recuerda de aquellos comienzos en el mundo del diseño por tierras italianas? Me matriculé en la Scuola Politecnica di Design, en Milán donde fui alumno de grandes maestros del diseño como Bruno Munari.
En aquel contexto histórico convivían la sofisticación y la elegancia del diseño con cierta agitación social. En aquella época, parecía que el diseño pertenecía a una élite, aunque muchos de mis profesores tenían gran vocación social. Comencé a trabajar con el arquitecto italiano Gianfranco Frattini, con el que aprendí mucho, lo más importante fue el método de trabajo para desarrollar un proyecto, desde la primera idea en un boceto hasta las relaciones personales con una empresa, donde todo era importante, y había que resolver problemas sobre la marcha.
Trabajé también en el departamento de diseño de una empresa de muebles muy importante, Bernini, en Milán donde tuve la suerte de ver todo el proceso industrial.
 

Cómo es el mundo del diseño industrial

¿Hasta qué punto es difícil conjugar lo que te pide una empresa con su libertad como diseñador?
Si hay interés por parte de la empresa y hay una conexión con el diseñador, y ven posibilidades, el proyecto funciona. Debe haber una conexión y un intercambio entre quien tiene los medios, las empresas, y quien tiene las ideas. En Italia, como en España, las empresas se interesan más por conocer a la persona capaz de generar las ideas que por el propio proyecto. Sin embargo, en Estados Unidos las relaciones comerciales son más frías y compran la idea sin que intervenga el trato personal. Yo opto por lo primero.
El diseñador pone todo su potencial creativo dirigido, en el marco de las estrategias de una empresa, a conseguir un buen producto a todos los niveles. Pienso que el diseño tiene que resolver problemas. Cuando veo un objeto, lo veo en su conjunto y después sus detalles. Diseñar y cocinar tienen algo parecido, en cuanto al método.

Usted aterrizó de nuevo en Madrid a principios de los años 80 ¿Ha avanzado mucho desde entonces el mundo del diseño industrial en España?
Aquí en los 80 el personaje del diseñador aún era algo extraño. Los cambios políticos propiciaron que el terreno para el florecimiento del diseño estuviese abonado. Hoy en día las empresas sí saben lo importante que es el diseño en sus productos. En la actualidad, con la crisis, el diseño tiene que ceñirse más a parámetros económicos, saber qué vas a producir, cómo lo vas a hacer, cuánto va a costar, a quién va dirigido, ver si es sostenible desde el punto de vista medioambiental... Hay que dejar sitio a la fantasía, pero también tienes que situarte en un contexto funcional y de producción.


José Luis Pérez Ortega cree que hoy el diseño tiene que ceñirse a varios factores: el económico, saber qué vas a producir, cómo se va a fabricar, sostenibilidad, tema social…..

Foto: Carlos Moreno

 

Aunque aquella Escuela Experimental no duró mucho en el tiempo, si dejó huella en las personas que pasaron por allí ¿Por qué cree que marcó tanto su existencia a quienes la conocieron? ¿Qué pretendió ser aquel proyecto?
Fue la primera Escuela de Artes y Oficios, de Madrid donde se impartió la enseñanza de diseño industrial, anteriormente tenían más componente artesanal. La idea partió del arquitecto Miguel Durán Loriga con un grupo de profesores, como algo muy romántico que recordaba a la Escuela de la Bauhaus. Pensábamos que la industria, la máquina, había cogido el mando y nosotros apostábamos por poner al artista al servicio de la industria. Ahora sabemos que la artesanía puede convivir con la modernidad. Hoy somos estudios superiores y puedo decir que conseguimos nuestra meta, el sueño era llegar a esto, aunque ha supuesto un gran esfuerzo.
 

La difícil labor de enseñar

¿Se aprende mucho enseñando diseño industrial?
Se aprende mucho enseñando, porque te obliga a tener que innovar, abrir la mente y estar continuamente en contacto con gente joven. Me obliga a que mis neuronas estén ágiles. Los alumnos llegan con conocimientos informáticos y eso nos obliga a adaptarnos a una nueva forma de trabajar y ver el mundo. Son una nueva generación a la que no le sirve el discurso de hace 20 años. Hoy hay mucha inmediatez y ellos llegan aquí muy limpios, muy puros y sé que lo que yo les cuente del diseño les va a influir mucho. Tenemos que darles una base sólida para que se desenvuelvan en el mundo real. Yo les enseño una técnica, cómo hacerlo, pero ellos me sorprenden con sus ideas, sus conceptos, sus propuestas nuevas de diseño.

El diseño no es algo elitista, está en todas partes, desde una camisa hasta una silla o un avión ¿Hoy todo es diseño? ¿Para qué cree usted que sirve el diseño?
El diseño lo es todo, es una actitud ante la vida, es resolver problemas y hacer que la vida sea más agradable y más feliz. El diseño es un oficio que va a permitir crear algo que antes no existía.

La madera, la piel o el acero son los materiales que más utiliza para diseñar sus sillas y muebles pero ¿de qué materia están hechas las ideas creativas?
Difícil pregunta pero la creatividad está hecha de emociones, de pasión, de ilusión, de una necesidad de comunicar con los objetos. Obviamente en el diseño, frente al arte, la funcionalidad es uno de los factores más importantes. Tanto el diseño como el arte son lenguajes.