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[ Enmarcados entre las sierras de Gredos y San Vicente, los municipios de la comarca ofrecen un rico patrimonio natural, etnográfico y cultural ]

 

La Sierra de San Vicente, la tierra de Viriato

Su situación geográfica, su climatología, su historia y sus gentes hacen de esta comarca un lugar peculiar y único para visitar. Conocedora de esta situación privilegiada la Mancomunidad de servicios de la Sierra de San Vicente lleva años dedicando sus esfuerzos al desarrollo turístico de la comarca y a su difusión y promoción, tanto nacional como internacional, para ello cuenta con el apoyo del Gobierno de Castilla-La Mancha y el trabajo bien hecho está comenzando a dar sus frutos.

Buenaventura(Toledo).

 

La Sierra de San Vicente se sitúa al Noroeste de la provincia de Toledo, en el punto de unión de ésta con las provincias de Ávila y Madrid. Se conforma por una pequeña alineación de montañas entre el valle del Tiétar y el valle del Alberche. Las especiales condiciones climatológicas propias de la zona, así como la actividad tradicional de sus gentes, han ido con los siglos, dibujando el paisaje de la comarca que ahora disfrutamos. Un paisaje que, a vuelo de pájaro, se conforma por montañas tapizadas de robles, castaños, encinas y enebros por las que discurren mil arroyos; cerros flanqueados por prados, navas y dehesas donde pastan vacas y ovejas y, esparcidos entre ellos, pueblos: unos blancos y otros de piedra, unos en el llano y otros en la ladera.

 


Mar de nubes en la Sierra de San Vicente.

 

Estas tierras fueron desde tiempos remotos elegidas y disputadas por distintas civilizaciones para establecerse aquí y disfrutar de las bondades que la naturaleza les ofrecía. Muestra de ello son los diversos restos arqueológicos que se encuentran prácticamente por toda la sierra. La Sierra de Gredos protege a esta zona del frío del norte, dulcificando sus temperaturas. Este clima unido a los valles que crean el río Tiétar y el Alberche y a la situación estratégica de la Sierra de San Vicente, justifica los distintos asentamientos que se han producido de las distintas civilizaciones que han poblado la Península Ibérica. Esta comarca es una mina de recursos naturales, culturales, etnográficos, paisajísticos, de flora y fauna, gastronómicos… algo que hace de todas estas tierras un paraíso por descubrir.
 
En la actualidad, los municipios que componen la Mancomunidad de servicios de la Sierra de San Vicente son dieciséis : Almendral de la Cañada, Marrupe, Buenaventura, Navamorcuende, Cardiel de los Montes, Nuño Gómez, Castillo de Bayuela, Pelahustán, Cervera de los Montes, El Real de San Vicente, Garciotún, Sartajada, Hinojosa de San Vicente, Segurilla, La Iglesuela y Sotillo de las Palomas. Con una extensión total de 581 kilómetros cuadrados, la Mancomunidad ha conseguido invertir la tendencia de despoblación en algunos municipios y el total de la Mancomunidad tiende al crecimiento, aunque tímido. A principios del 2008 la población total de la Mancomunidad era de 8.591 habitantes.

Existen más de una veintena de casas rurales en toda la comarca, con una capacidad de 287 plazas, un hostal con veinte camas, dos centros de cabañas con una capacidad hotelera de 46 plazas además de tres albergues para grupos con capacidad para 229 plazas. Además existe un spa para satisfacer las necesidades de aquellos viajeros que quieren apostar por un turismo de salud y bienestar. En cuanto a actividades de restauración existe una gran y variada oferta de restaurantes, cafeterías y bares en cada una de las localidades. En los últimos años también se ha incrementado la oferta de actividades de ocio relacionadas con el turismo de aventura, así podemos visitar el Centro de Interpretación de la Naturaleza y la Arqueología de la Sierra de San Vicente en Castillo de Bayuela, o realizar actividades en el medio natural en contacto directo con los animales, deportes de aventura, paintball y empresas dispuestas a satisfacer otro tipo de necesidades como la organización de fiestas camperas o capeas.
 

Un patrimonio natural gobernado por dos ríos y dos sierras

La Sierra de San Vicente es una unidad paisajística y ambiental bien diferenciada, de una gran riqueza y biodiversidad, caracterizada por la buena conservación de sus ecosistemas. Situada entre dos ríos, el Tiétar y el Alberche, y entre dos sierras, la de Gredos y San Vicente, su climatología y orografía permite que, en pocos kilómetros, convivan especies y formaciones vegetales de lo más variadas. Desde el encinar puro pasando por el enebral, los alcornocales, hasta los robledales, castañares y fresnedas de zonas más altas. Como destaca Rubén G. Mateo en el libro “Flora y vegetación de la Sierra de San Vicente” editado por la Diputación Provincial de Toledo, “en esta comarca toledana se han catalogado más de 1000 especies vegetales, que representan más del 40 % de la flora de toda la provincia de Toledo en un área que supone menos del 2 % del área de esta provincia. Diecinueve de estas especies están incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Castilla-La Mancha, y 77 son exclusivas de la Península Ibérica.

La vegetación de esta serranía se configura como una zona de contacto entre dos regiones biogeográficas. Gracias a este factor y otros elementos, como la variabilidad climatológica y orográfica, se desarrollan numerosas formaciones vegetales, en muchas ocasiones únicas y en muy buen estado de conservación. Hablamos de una gran complejidad de ecosistemas: encinares, enebrales, cornicabrales, alcornocales, robledales, piornales, pastizales, jarales, alisedas, fresnedas, saucedas, escobonales, tomillares…
 


Cigüeña negra en La Iglesuela.

Foto: Oscar Díaz

 

En estas formaciones vegetales habitan una grandísima variedad de especies vegetales y animales. Lo que se traduce en unos elevados índices de biodiversidad. Estos ecosistemas también presentan un enorme valor paisajístico, compartido con parajes geológicos, como lanchares o berrocales. Podemos destacar que trece de estas formaciones tienen la consideración de Hábitat de Protección Especial, incluidas dentro de la Ley de Conservación de la Naturaleza de Castilla-La Mancha.

 

Para Saber más

La Mancomunidad de Servicios de la Sierra de San Vicente ha creado un portal de información donde se recogen todos los recursos naturales, historia y toda la oferta de servicios turísticos, sociales y culturales que la sierra ofrece. Este portal es www.sierrasanvicente.com.

 


Rebollar en otoño.

 

Patrimonio histórico

El lento crecimiento de la comarca y su prácticamente inexistente desarrollo industrial ha favorecido también en la conservación de restos arqueológicos de todas las culturas que se han ido instalando en la comarca a lo largo de los siglos. Uno de los ejes centrales de la estrategia de desarrollo diseñada para la comarca lo constituye la figura del guerrero de la época romana Viriato, lusitano de nacimiento y enemigo del Imperio Romano que luchó y acampó en estas tierras durante las famosas guerras lusitanas. Desde los que dejaron un par de castros amurallados y representaciones en piedra de verracos, hay noticias de un culto a la Diosa Venus (según algunos historiadores, identifican a la Sierra de San Vicente como Montaña de Venus, pues en ella los romanos adoraban a esta diosa).

 También nos encontramos con castillos y torres defensivas que fueron primero árabes y posteriormente empleados en la Reconquista. Sin olvidar los restos del Convento de los Carmelitas y su antecesora ermita del promontorio de San Vicente. En las proximidades al Convento, existen unas construcciones de piedra llamadas pozos de nieve, donde se “fabricó” durante años y hasta no hace mucho, el hielo para Talavera. Puentes medievales surten el Tiétar y algún arroyo importante. Iglesias diseñadas por Pedro de Tolosa, aparejador de cantería del monasterio de El Escorial y retablos de Ruiz de Luna, y variedad de otros restos arqueológicos como sarcófagos visigodos, piedras de moler de molinos hidráulicos, dólmenes, menhires y hornos árabes... completan el patrimonio monumental y cultural de cada una de las localidades de esta comarca.
 

Patrimonio etnográfico

Desde que la especie humana abandonara el nomadismo, el ser humano ha ido aprovechando los recursos que el entorno le ofrecía o transformándolo para cubrir sus necesidades vitales. De estos aprovechamientos y transformaciones han ido surgiendo multitud de construcciones etnográficas que en la Sierra de San Vicente abundan y están en buen estado de conservación.

 Entendemos por construcción etnográfica toda aquella que ha sido realizada por los habitantes de estas tierras para el desarrollo de su actividad social y económica y que no puede considerarse resto arqueológico, ni monumento arquitectónico. La actividad económica principal en la sierra ha sido la ganadería y edificaciones relacionadas con ella hay muchas. Entre estas construcciones podemos destacar los chozos, pajares, almiar (ameal), fuentes, pilones, abrevaderos, molinos, puentes, pozo de nieve, las agujas de piedra o los propios atrios de las Iglesias
 

Fiestas y tradiciones

Como comarca rural que es, las fiestas y tradiciones de la Sierra de San Vicente están muy vinculadas a la actividad agrícola y ganadera, por lo que el ciclo festivo de los pueblos coincide, en gran parte, con el inicio o final de las labores del campo o con la propia actividad ganadera como son las fiestas en torno a las antiguas ferias de ganado, como la de Pelahustán. El calendario marca la celebración de las fiestas de los pueblos de esta comarca, unas recuerdan milagros producidos en el pasado, otras en honor a los patrones de los municipios. La misma comarca lleva el nombre de un santo mártir que se refugió en la sierra huyendo de Talavera camino hacia Ávila. En el Pico de San Vicente aún se conserva la “Cueva de los Santos Mártires” que recibió peregrinaciones durante mucho tiempo.

 


Encinas en la comarca de la Sierra de San Vicente.

 


Nuño Gómez: Fiesta de La Soldadesca.

 


Vista panorámica de Navamorcuende.


Una de las fiestas de más antigüedad de toda la comarca es la que se celebra en Garciotún desde mediados del siglo XVI, la fiesta de la Malena, el 22 de julio. Se trata de una fiesta de agradecimiento a Santa María Magdalena, que, cuenta la tradición, consiguió que cesara la epidemia de peste que se había extendido por la región en 1553. En El Real de San Vicente y Nuño Gómez se celebra la “Soldadesca” se desconoce su origen concreto, aunque todo apunta a que se remonta al s. XVI durante el reinado de Felipe II. En otros como La Iglesuela, la Feria de Ganado se ha convertido en una feria rural donde la artesanía y los productos de elaboración casera son los principales protagonistas.

Por otra parte, se promueven la artesanía y los oficios desde el Mercado de Artesanía de Castillo de Bayuela que se celebra por San Andrés. Desde hace unos años se viene celebrando el “Día de la Comarca” una ocasión única para encontrarse todos los municipios de la comarca y alrededores. Se celebra siempre el primer sábado de junio y su ubicación es itinerante. Este año se celebrará en Cervera de los Montes. Esta es una fiesta para el encuentro, la degustación de los productos típicos de cada municipio y para la diversión.
 

De toma pan y moja

La Sierra de San Vicente tiene además una tradición gastronómica, principalmente en dulces típicos como los cortadillos, perrunillas, mancheguitos, pastas, mantecados de vino. bocaditos de chocolate con almendras… que se pueden encontrar en Almendral de la Cañada, Castillo de Bayuela, Cervera de los Montes, Hinojosa de San Vicente, El Real de San Vicente y Segurilla. La Iglesuela es conocida por su elaboración particular del cochinillo, un plato que se conoce como “cochifrito”. Los embutidos son otra gran especialidad gastronómica de la Sierra. Se pueden encontrar en Castillo de Bayuela, Hinojosa de San Vicente y Segurilla. En El Real de San Vicente se pueden adquirir mermeladas, confituras, conservas o salsas de elaboración artesanal en la fabrica artesanal de La Tejea. En nuestra visita a cualquiera de estas localidades nuestra cesta ha de venir cargada además de por dulces y embutidos de aceite de oliva, existe una almazara en Hinojosa de San Vicente donde puede adquirirse aceite de oliva virgen de la comarca. En Sartajada también podremos adquirir alguna pieza de alfarería realizada con los métodos más tradicionales.

 


Artesanía tradicional de Sartajada.

 

Rutas para todas las edades y gustos. Como no podía ser de otra forma y haciendo honor a uno de sus pobladores, dentro de las rutas propuestas destaca la “La Senda Viriato”, técnicamente conocida como GR63, una ruta de 19 etapas que recorre toda la comarca de la Sierra de San Vicente y que goza de muy buena fama para los aficionados al senderismo y al ciclismo de montaña, imprescindible un excelente estado de forma, buen equipo y por su puesto ir acompañados de todos los planos de orientación. Además se proponen otras rutas más asequibles a todos los públicos, edades y gustos como las pequeñas rutas por la naturaleza para disfrutar de paisajes o comenzar a conocer el mundo de la botánica, rutas nocturnas, temáticas y también patrimoniales a partir de la cultura y el patrimonio de la comarca.
 


Fiesta de La Malena en Garciotún.

 

Dentro de las rutas patrimoniales destaca un nombre: Pedro de Tolosa maestro de cantería en el siglo XVI, se le conoce como primer aparejador de cantería en la obra de El Escorial y como introductor del lenguaje clásico renacentista en la provincia de Valladolid. Se forma en torno al círculo de Alonso de Covarrubias en Toledo, y trabaja como tasador y maestro en las ciudades de Toledo y Ávila principalmente. Tenía su vivienda en la cercana población de San Martín de Valdeiglesias. Como destaca David Gutiérrez Pulido en su obra “Pedro de Tolosa, maestro de cantería del siglo XVI, en la Sierra de San Vicente (Toledo)”: “Antes de empezar sus trabajos en El Escorial, siendo mano derecha del arquitecto Juan Bautista de Toledo y del rey Felipe II, Pedro de Tolosa trabajó en diversas iglesias de la comarca de la Sierra de San Vicente, y por ello nuestra comarca se convierte así en un núcleo fundamental en la arquitectura renacentista toledana”.
 


El Real de San Vicente.

 

El recorrido que se puede hacer para ver su obra comienza en Navamorcuende, en la Iglesia de Santa María de la Nava, uno de los ejemplos más bellos de arquitectura renacentista de la Sierra de San Vicente; la Iglesia de la Santa Cruz en Buenaventura, la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Hinojosa de San Vicente, donde habrá que fijarse especialmente en la sacristía; la Iglesia de San Andrés en Castillo de Bayuela; en El Real de San Vicente, la Iglesia de Santa Catalina y la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva en Pelahustán.
    
Desde la Oficina de Turismo también se ofrece la posibilidad de realizar rutas guiadas de senderos por la Sierra de San Vicente con un guía que te vaya explicando curiosidades de la naturaleza, de los monumentos que visites e historias y leyendas de la comarca.

 


Recogiendo castañas en la Sierra de San Vicente.

Foto: Antonio Real

 


Castaños en la Sierra de San Vicente.

Foto: Antonio Real

 

La tierra de Viriato

El nombre de Viriato se ha hecho común tras una conocida serie de televisión de reciente emisión. Pero ¿quién era Viriato? Un pastor nacido en el siglo II a. C. en la Sierra de Estrella, actual Portugal, por más que es definido en ocasiones como un bandido por la historiografía. En el 150 a.C. se convirtió en un líder de la lucha contra la dominación romana. Cercado por el pretor Cayo Vetilio en el 147 a.C., consiguió romper las líneas romanas y, con un millar de incondicionales, escapar hacia Tríbola y atraer a sus perseguidores a una emboscada en la cual sucumbió Vetilio. Con esta victoria, Viriato decidió llevar la guerra hasta la meseta, donde derrotó a los cuestores Cayo Plaucio y Claudio Unimano, y ocupó Segóbriga. La reacción de Roma consistió en enviar un ejército consular mucho más poderoso que los que antes operaban en la Península Ibérica, al mando del cónsul Fabio Máximo Emiliano, quien derrotó a Viriato en una batalla en campo abierto en el año 145 a.C., y le obligó a replegarse a Lusitania. Tras sucesivas batallas con distinta suerte para romanos y rebeldes al final fue el cónsul Cepión, quien aprovechó unas negociaciones con los lusitanos para sobornar a varios lugartenientes de Viriato con el fin de que lo asesinasen, como así hicieron. Muerto el líder, la rebelión lusitana perdió fuerza, y en pocos años Roma consolidó su posición en la Península Ibérica.

Ana Isabel Jiménez