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[ El debate está abierto ]

 

¿Corcho o silicona?

Más de mil empresas, cien mil trabajadores, dos billones de euros de facturación y catorce billones de tapones anuales son, entre otras, las cifras macroeconómicas que mueve el sector corchero europeo y que desde hace unos años viene siendo amenazado por el tapón sintético de silicona porque, dicen sus seguidores, es más barato y no aporta los temidos TCAs (olor a corcho) al vino. Sin embargo, el 90% de los bodegueros siguen apostando por el material natural para la crianza de sus caldos.

Foto: Pepe J. Galanes

En la actualidad, el sector corchero a nivel europeo cuenta con unas 1.000 empresas que ocupan a 100.000 trabajadores y facturan en torno a 2 billones de euros anuales. El 86% de la producción mundial de corcho, equivalente a unas 250.000 toneladas de materia prima, provienen de Europa, principal localización de estos bosques mediterráneos. De esta extracción de corcho se elaboran alrededor de 14 billones de tapones anuales, que representan el 70% de la facturación global del sector y que se comercializan a todas las zonas vitivinícolas del mundo. Estos son los datos aportados a la Revista Castilla-La Mancha por el presidente la Confederación Europea del Corcho (Celiège), Enric Vigas, encargado de defender los intereses de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Portugal, además de España.
Enric Vigas, procedente de la patronal corchera catalana, se encarga también de defender el tapón del corcho por encima del sintético de silicona. Y lo hace en el mejor espacio posible, en el escaparate vitivinícola más importante de España: FENAVIN. Y es que el sector tiene claro que necesita una nueva legislación impulsada desde Bruselas donde se recoja en el etiquetado aquellos vinos que utilizan el corcho como tapón en sus botellas, sin olvidar la implantación de la nueva versión del Systecode (sistema de calidad del propio sector).

 

Los tradicionalistas ganan ampliamente a aquellos que buscan nuevos materiales.

 

Microoxigenación

¿Pero qué diferencias hay entre el tapón de corcho, el sintético y el de aluminio aparecidos en los últimos años? La misma diferencia que hay entre el blanco y el negro; entre la excelencia y lo normal; es decir, el primero tiene unas propiedades que no tienen nada que ver con sus competidores, ya que el corcho mantiene la misma raíz que la barrica de roble y no es un elemento inerte, sino todo lo contrario, es un factor más en el proceso de vinificación que permite la ineludible reacción química como es la microoxigenación del vino, algo imposible de realizar con los otros tapones de silicona o el hermético de aluminio.
Ningún bodeguero ni enólogo que se precie como tal debe soslayar la máxima que deduce que el vino tratado con oxígeno mediante la mencionada microoxigenaciòn minimiza de forma importante la caída típica de color en un vino tinto después de superar la fermentación maloláctica.

Influye, por tanto, en la estabilización de los antocianos (sustancias colorantes que se encuentran en la piel de las uvas, responsables del color de los vinos tintos), además de provocar una correcta polimerización (Sustancias de aspecto gelatinosas que dan cuerpo y untuosidad al vino)  tánica, lo que se traduce en vinos más redondos y con aromas más limpios.
 


El sector tiene claro que se necesita una nueva legislación impulsada desde Bruselas donde se recoja en el etiquetado aquellos vinos que utilizan el corcho como tapón en sus botellas.

Foto: Pepe J. Galanes

 

Sostenibilidad

Pero no solo el corcho aporta elementos organolépticos vitales para la crianza de un vino, también cuenta con un importante factor medioambiental que lo convierte en un valor añadido y que bajo ningún concepto puede ser despreciado o minimizado por los seguidores de la silicona o del aluminio. Nos referimos, evidentemente, al bosque Mediterráneo y a la importancia de su mantenimiento en la Península Ibérica, convertida ya en los últimos reductos europeos donde el alcornoque representa la sostenibilidad y el mantenimiento de la población rural, que de no existir este milenario árbol habría desaparecido de la dehesa extremeña o los bosques de Portugal.

 

El sector corchero a nivel europeo cuenta con unas 1.000 empresas que ocupan a 100.000 trabajadores y facturan 2 billones de euros al año.


No hay que olvidar que el alcornoque no es talado, sino un árbol cosechado. El quercus está muy extendido gracias a la explotación de su corteza. Qué hubiese sido de este conocido popularmente como chaparro de no haber existido la explotación corchera, que conocedora de la importancia de este material cuida y protege estos bosques, dejando “en descanso” durante varios años a aquellos árboles que han sido cosechados. Y eso se llama sostenibilidad.
Ni qué decir tiene que el corcho es un material que no contamina y, por lo tanto, biodegradable, mientras que la silicona permanece en el medioambiente durante décadas, con la consiguiente contaminación que supone para la naturaleza los materiales que no pueden ser absorbidos por la tierra. Nadie duda de la utilidad de la silicona en la industria e, incluso, en la medicina, pero en el vino, sobre todo de crianza, deja mucho que desear.
 


Existe un proceso de microoxigenación del vino que el tapón de corcho lo mantiene, algo imposible de realizar con los otros tapones de silicona o el hermético de aluminio.

Foto: Pepe J. Galanes

 

Y si a todo lo dicho le añadimos que la Península Ibérica proporciona las tres cuartas partes de la producción mundial de corcho: 274.000 toneladas sobre un total de 374.000, a gran distancia de Italia donde se producen unas 14.000 toneladas, procedentes sobre todo de Cerdeña. Un argumento más para avalar el tapón de corcho.
 


El tapón de aluminio no es apreciado por el sector vitivinícola mundial por las mismas razones que rechazan el tapón de silicona.

Foto: Pepe J. Galanes

 

14 billones de tapones

Si bien es cierto que un tapón de corcho, dependiendo de la calidad, vale en torno a los 60 céntimos, frente a los 15 que cuesta uno de silicona, no menos cierto es que los bodegueros continúan apostando por este material, como lo prueba los casi 14 billones de tapones procedentes de la corteza de alcornoque que se utilizan todos los años. Una cifra que contrasta con los 150 millones de tapones de silicona que se producen en todo el mundo.
Como hemos visto, los tradicionalistas ganan por goleada a aquellos que buscan nuevos materiales. Pero los irreductibles del tapón de corcho, que son la mayoría, jamán taparán sus vinos con plástico, ni mucho menos las grandes reservas que exigen rellenado de cosechas históricas, máxime cuando este proceso se hace ante notario y con corcho, por supuesto.
Y eso que la producción de corchos se está viendo amenazada por un parásito: el hongo armillaria mellea, que ataca las raíces del alcornoque, poniendo en peligro la salubridad del material, lo que se traduce en posibles alteraciones organolépticas del propio vino.

 

El corcho es un material que no contamina y la silicona permanece en el medioambiente durante décadas.

 

Los temidos TCA

Por esto, los detractores del corcho claman al cielo cuando los temidos olores y sabores contaminan el vino con sustancias del tapón, causados por ciertos hongos que han alterado el corcho, lo que los franceses han venido en llamar “bouchoné”. Sin embargo, solo el 3% de las botellas de vino comercializadas en el mundo presenta este defecto. Una cantidad que se antoja insignificante comparada con los beneficios citados que aporta el tradicional tapón de corcho.
Al corcho se le atribuye esos desagradables olores que como en el caso de la prestigiosa bodega de Ribera del Duero Vega Sicilia llevó a retirar una partida importante de vino. Fue la cosecha de 1994 de tinto Valbuena, la marca más baja de esta histórica bodega, la que sufrió las consecuencias de los temidos TCAs que pueden dar al traste con toda una producción, si bien es muy difícil que todas las botellas estén afectadas. Aún así, Vega Sicilia decidió retirar toda la producción que ascendía a 130.000 botellas, convirtiéndose en ejemplo a seguir por todo el sector vitivinícola de España.

 

Alrededor de 14 billones de tapones anuales se comercializan en todas las regiones vitivinícolas del mundo, una cifra que contrasta con los 150 millones de tapones de silicona que se producen en todo el mundo.


¿Es el corcho el único culpable de estos olores? No. No gracias al prestigioso investigador francés Pascal Chatonnet, quien demostró que no solamente el corcho puede ser el responsable de estos aromas y gustos indeseables, sino un sin número de sustancias químicas que pueden encontrarse en el aire, agua, plásticos, maderas u otros productos que puedan estar en contacto con el vino, incluida la silicona. Así es como Chatonnet desmontó todo un mito y se convirtió en el llamado “médico del corcho”, por lo que son numerosos los bodegueros los que acuden a él para evitar que el TCA pueda arruinar una buena cosecha.

 


El tapón de corcho tiene unas propiedades que nada tienen que ver con sus competidores, si bien las diferencias de precios de uno sobre los otros es relativamente elevada.

Foto: Pepe J. Galanes

 

¿Y el tapón de rosca?

Pero por si el debate silicona o corcho no fuera suficiente para dividir en ocasiones al sector, se suma también la rosca como tapón de vinos, que los entendidos catalogan de poco estético y demasiado hermético, aunque algunos blancos ofrecen resultados nada desdeñables. Así lo creen también los investigadores australianos quienes apuestan por los tapones metálicos de rosca porque, siempre según sus teorías, es la mejor fórmula para mantener en condiciones óptimas la calidad del vino blanco. Dichas investigaciones señalan que el aluminio ofrece mejores resultados que el corcho, natural o sintético, a la hora de que el vino blanco retenga el anhídrido sulfuroso, que es un importante elemento para la protección contra la oxidación.
Sea como sea, este debate permanecerá abierto hasta que el consumidor decida apostar definitivamente por uno de los materiales: ¿Corcho, silicona o rosca? He ahí el dilema.

Cirsa