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[ La historia y la riqueza patrimonial juegan a favor del futuro ]
 

Hita, un lugar sobresaliente
 

Un paseo por las calles de Hita (Guadalajara) nos sumerge en el encanto especial de uno de esos lugares capaces de trasladarnos en el tiempo, nos adentra en la historia grande y rica de una pequeña villa, citada ya en el Poema del Cid y cuya relevancia tiene mucho que ver con su situación geográfica. El cerro de Hita era atalaya de vigilancia utilizada por los romanos sobre la calzada de Mérida a Zaragoza.
Panorámica de la localidad alcarreña de Hita.

Foto: ANTONIO REAL

Después de la reconquista del año 1085 llevada a cabo por el rey castellano Alfonso VI siguen conviviendo en Hita cristianos, judíos y musulmanes. En el siglo XIV, la población judía tenía ya el control económico de la villa gracias sobre todo a la producción vinícola. Esa pujanza llevó a Pedro I a situar el castillo de Hita como un centro de recaudación de impuestos a cargo del judío Samuel Leví.

También en el siglo XIV ve la luz una de las obras más relevantes de la literatura medieval, el Libro del Buen Amor, escrito por Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Además, se produce otro hecho trascendental para el devenir de la villa, la llegada de la familia alavesa de los Mendoza como nuevos Señores de Hita. En el siglo XV, e l marqués de Santillana , Iñigo López de Mendoza, reconstruye el castillo y fortifica la población de Hita. Fue un noble poderoso dedicado muy especialmente a impulsar las artes y las ciencias. Pero en los últimos años de ese mismo siglo comienza el declive con la llegada de los Reyes Católicos y la expulsión de los judíos, que dejaron huérfanos todos los sectores productivos y la estructura administrativa del pueblo. En esta época Hita contaba con 3 iglesias y 2 sinagogas.

Durante la guerra de la Independencia, Hita también fue escenario destacado de batallas. Las guerrillas de Juan Martín, el Empecinado, encontraron en el relieve de la zona un marco idóneo para combatir a las tropas francesas en su paso hacia el centro de la península.

Foto: CARLOS MORENO

En todo caso, la riqueza monumental de Hita sufre su golpe más importante en la Guerra Civil española. Su situación estratégica fue la clave de su apogeo y también la causa de su destrucción. Se convirtió en frente de batalla durante toda la contienda y la villa quedó prácticamente arrasada. El casco urbano quedó en zona republicana y las tropas sublevadas en los alrededores, en el cerro de «La Tala» y en los de Padilla de Hita. Aún se aprecian los restos de trincheras en el cerro de Hita y en muchos lugares del término municipal.

La artillería y los bombardeos de la aviación acabaron casi por completo con casco urbano, incluida la iglesia de San Pedro y buena parte de la iglesia de San Juan; los milicianos republicanos volaron la puerta de la muralla para que pudieran acceder al centro del pueblo los vehículos, además destruyeron gran parte del patrimonio religioso de las iglesias. Algunas imágenes, como la talla gótica de la Virgen de la Cuesta (patrona de Hita), fueron escondidas y salvadas por vecinos del pueblo.

Después de la guerra, la llamada Dirección General de Regiones Devastadas, en lugar de reconstruir, optó por hacer barrios nuevos bajo las murallas y terminó de echar abajo lo poco que seguía en pie. La posguerra y la emigración marcaron el devenir de Hita en la primera mitad del siglo XX; en los años 60 se contabilizaban unos 600 vecinos, prácticamente la mitad de los que tenía al comienzo de siglo.

El año 1961 llega otra fecha clave en su historia reciente; el profesor Manuel Criado de Val crea el Festival de Teatro Medieval de Hita. El 23 de diciembre de 1964 la Villa de Hita es declarada Conjunto Histórico, además por esas fechas se procede a la restauración de la puerta de Santa María.

El casco histórico de esta población merece la pena ser contemplado.

Foto: CARLOS MORENO

En los años 70 se comienza la construcción del Palenque así como la restauración del tramo correspondiente de la muralla, mientras también se comenzaba a pavimentar alguna calle y se instalaba el alcantarillado urbano.

En el último cuarto de siglo se pavimenta una gran parte del casco urbano, se procede a la reconstrucción de tres tramos de la muralla, la llamada “Casa del Arcipreste” y las ruinas de la iglesia de San Pedro.

 


Turismo, gastronomía y cerámica


En la arciprestal Hita, “la villa del alto cerro, de la medieval algarabía, de los perfiles sorprendentes y luminosos”, así definida por Antonio Herrera Casado, cronista oficial de Guadalajara, viven hoy 400 vecinos. La localidad comparte los cambios demográficos de la época y las connotaciones singulares que implica su cercanía a Madrid y a Guadalajara.

La fuente de subsistencia tradicional sigue siendo la agricultura, aunque en menos medida que en el pasado. “Hay que tener en cuenta que estamos a poca distancia de dos ciudades importantes, Guadalajara y Madrid a la que acuden diariamente vecinos del pueblo a trabajar”, señala el alcalde de esta localidad alcarreña, Alberto Rojo.

Hita se encuentra en la comarca agraria de la Alcarria Alta, el cereal es el cultivo más extendido, sobre todo la cebada. Además, en la vega del río Badiel empieza a cobrar fuerza el cultivo del espárrago triguero, cuya calidad y productividad permiten dar ocupación a un número importante de personas en la época de recogida; una circunstancia que está atrayendo también a población inmigrante. La construcción también está presente en la localidad, con varias empresas que dan trabajo a una veintena de personas.

En esta villa existen edificios religiosos de gran valor patrimonial.

Foto: CARLOS MORENO

El sector turístico se perfila como uno de los elementos dinamizadores de la economía de Hita, aunque todavía su actividad es relativamente escasa. Los encantos y riqueza monumental que aún conserva y la relevancia incuestionable de su Festival Medieval deben ser los grandes argumentos en los que se asiente ese crecimiento del sector turístico. Sin olvidar que además el año del IV Centenario está contribuyendo a acercar visitantes hasta la villa del Arcipreste.

Alberto Rojo destaca la “gran inversión para atraer al turismo, que ya está dando sus frutos”. Es reciente la apertura de dos restaurantes, nueve casas rurales y un obrador de dulces artesanos y tradicionales.

La gastronomía es otro de los focos de atención para el turista; en la zona se pueden degustar platos tradicionales como las migas castellanas, higadillos y caldereta, pero destaca por encima de todo el cabrito asado.

El alcalde cree que Hita “es todavía una perla por explotar desde el punto de vista turístico”, aunque en los dos últimos años se ha observado una evolución muy positiva y esperanzadora, que ha recibido un gran empuje gracias a la inversión privada.

En Hita, encontramos el taller de cerámica de Felisa Rojo, que representa las figuras típicas de la zona, casi siempre adornadas con motivos medievales.

 


Belleza histórica


Aunque la Guerra Civil dejó derruido el pueblo, sus monumentos y sus obras de arte, Hita conserva un encanto indiscutible. Por ejemplo algunos lienzos de la muralla que rodeaba la villa y ascendía ladera arriba hasta el castillo; la mandó construir en 1441 el marqués de Santillana y en sus quiebros aparecen torres cilíndricas macizas llamadas también “cubos”.

Una de sus puertas, la de Santa María, es la única de las tres originales que está en pie; aunque reconstruida, es ahora una bella muestra de la arquitectura militar del siglo XV. El escudo heráldico que preside la puerta simboliza el poder de la nobleza de la época, en este caso el del propio marqués de Santillana, Señor de Hita.

Al entrar por la Puerta de Santa María se accede a la plaza Mayor o del Arcipreste, delimitada por soportales y casas típicas con fachadas de ladrillo de estilo mudéjar. Viviendas que encontramos calle arriba, camino de las ruinas de la iglesia de San Pedro, donde los hidalgos de Hita instalaban sus sepulcros en el siglo XVI; frente al altar todavía se puede ver la del que fuera alcaide de la fortaleza de Hita, Fernando de Mendoza, aunque la mayoría de las lápidas fueron trasladadas a la iglesia de San Juan, que encontramos un poco más arriba, en la misma calle; es de estilo gótico mudéjar y lo más interesante es el artesanado mudéjar del siglo XVI de una de sus capillas formado por casetones hexagonales.

Después de la reconquista llevada a cabo por el rey Alfonso VI ,continuaban conviviendo en Hita judíos, cristianos y musulmanes.

Foto: CARLOS MORENO

Una senda nos lleva desde ese lugar hasta la cima del cerro, en la que aún se aprecian restos del antiguo castillo . Pasada la Edad Media perdió la importancia estratégica de siglos anteriores y el desuso lo convirtió en cantera para otras construcciones. Las guerras acabaron derrumbando las pocas paredes que quedaban en pie. Aún así quedan algún paño de su recinto exterior y las paredes de la que fuera Torre del Homenaje.

Pero sobre todo, llama la atención en ese lugar el amplio paisaje que desde él se domina, con la sierra norte de Guadalajara como fondo magnífico de la estampa. Desde ahí se distinguen claramente una treintena de localidades, toda la vega del Henares desde Jadraque (incluido su castillo) hasta Torrejón y Alcalá de Henares, unos 60 kilómetros de vega y una extensión de más de 1.500 kilómetros cuadrados. Incluso si el día es muy claro se pueden ver edificios significativos de Madrid. En lo alto del cerro hay un vértice geodésico. También se pueden contemplar restos de trincheras de la Guerra Civil.

El Palenque de Hita se encuentra bajo las murallas entre el casco antiguo y la zona nueva del pueblo. Es utilizado para la celebración de los torneos en el Festival Medieval y como plaza de toros.

El lugar donde se asienta fue expropiado tras la Guerra Civil con el fin de construir viviendas. En la década de los 70 se explanó para servir como escenario de los torneos. Posteriormente fueron construidas parte de las gradas de piedra. En los años 80 se terminaron de construir las gradas y se acotó el recinto. Unos años más tarde fueron instaladas las barreras para permitir su uso como plaza de toros.

Hita nos traslada a uno de los lugares con un encanto especial.

Foto: CARLOS MORENO

El casco histórico de Hita cuenta además con otro punto de interés, las cuevas que perforan la villa, en las que se criaba y guardaba el vino en la Edad Media. En la actualidad se contabilizan más de ochenta bodegas, que forman un auténtico laberinto con corredores superpuestos de hasta tres niveles. Hoy muchas de estas bodegas se encuentran sepultadas, otras están en propiedad de particulares y algunas pueden ser visitadas durante el Festival Medieval. El Ayuntamiento tiene una bodega debajo de la muralla que puede visitarse en las rutas que organiza la oficina de turismo. Destacan los conciertos de música medieval que se organizan en éstas. En octubre de este año se cumple la quinta edición de estos conciertos que ya empiezan a adquirir renombre.

En la parte más alta se encontraban los llamados bodegos, o cuevas-vivienda de origen árabe. Son recintos mucho más amplios y muy pocos se encuentran bien conservados.

La «Casa del Arcipreste» es un edificio de nueva construcción levantado sobre las ruinas de otro edificio similar conocido como casa del Arcipreste pero que en realidad era una de las pocas casas señoriales de gran tamaño que quedaron en pie tras la Guerra Civil. Parte del antiguo edificio (la parte izquierda y el patio) fue expropiado en 1973, aunque el deterioro progresivo hizo que se optase por reconstruirlo por completo.

En la planta baja, además de la oficina de turismo, se encuentra el Museo que recogía diversas cerámicas y monedas y varios objetos recogidos en Hita. Desde mayo, adquiere una nueva dimensión y el alcalde lo define como “un centro de iniciativas diversas no sólo para Hita sino para la comarca y la provincia”. Se han inaugurado dos salas etnológicas, en las que se describen los modos de vida y las costumbres, con los enseres que se han utilizado en labores cotidianas de casa o para el trabajo en el campo. Además, otra sala dedicada a la arqueología que abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Media y un salón de actos, destinado sobre todo a conferencias en el que se exhiben todos los carteles que se han editado en los Festivales Medievales.

 


La paz de Sopetrán


Aún dentro del término municipal de Hita, y muy próximo a Torre del Burgo, encontramos los restos del Monasterio de Sopetrán, de origen visigodo, en el que se conservan restos de origen medieval y arquerías de estilo herreriano en su claustro. Fundado en el año 611 por el rey Gundemaro y reconstruido varias veces, la última en 1372 cuando el arzobispo de Toledo, don Gómez Manrique, entregó el lugar a la Orden de San Benito.

Con los benedictinos alcanzó un notable esplendor al amparo de los favores de los Reyes, hasta que en el siglo XIX la desamortización de Mendizábal sacó a subasta pública el monasterio en 1836; tenía entonces menos de 12 monjes por lo que fue suprimido y todas sus pertenencias pasaron a ser bienes del Estado. Sólo nueve años más tarde fue adjudicado por un precio muy inferior al que se puso de salida; en 1947 el lugar había sido completamente expoliado y apenas quedaba de él un solar y las paredes maestras.

De todos modos, aún entre las ruinas es perceptible hoy el sosiego y la paz que destila Sopetrán.



Francisca Díaz